


Archive for May, 2007
Se nos había pasado por alto. Vimos la entrega de los Martín Fierro [MF] el miércoles pasado. Y fue todo lo que nos imaginábamos y mucho peor. Está claro que la chabacanería argenta tiene su apoteosis en cosas como las que organiza Aptra, un rejuntado de *periodistas* que forman una logia nefasta de amantes de la farándula [en la peor acepción de esa palabra].
Parte del staff de tlqv está convencido que los MF dejaron de tener razón de ser hace mucho, mucho tiempo. Sin embargo, el menemismo, cuándo no, sacó del ostracismo a unos premios terriblemente malos. Es que, con la privatización de los canales, los nuevos dueños tenían que prestigiar a sus productos y por eso le dieron manija a los MF. Decí que los Premios Clarín Espectáculos no existían, sino hubieran optado seguramente por esos [aunque, vale decirlo, los Premios Clarín son una porquería también, aunque con el agravado de que sus responsables creen que son lo top de lo top]. Así fue cómo año a año fueron creciendo en repercusión los MF y después teníamos que ver a los “mejores” paseando por el living de Susana o almorzando con la vieja de mierda.
Encima, si antes tenían un tinte frívolo que los justificaba como premios demagógicos, eso fue cambia
ndo de a poquito cuando actores -y periodistas premiados- empezaron a ser más vedettes que otra cosa. Y ahí tenías a los tipos tirando consignas [aplaudibles] como No se olviden de Cabezas y otras [idiotas] como Somos actores y queremos actuar. También hubo épocas en que todos fueron maestros, todos fueron inundados, todos fueron, en definitiva, un colectivo de ególatras que, en los casos de los más famosos, sólo iban si le aseguraban el premio y, en lo que respecta a los demás, iban porque comían gratis y salían en la tele también gratis.
Mientras tanto, los miembros de Aptra peleaban con uñas y dientes no sólo por saber quién iba a dar los mejores premios [notaron que los tipos que dan la estatuilla siempre es un impresentable de Aptra], sino que se agarraban de las mechas por saber quién comía en la mesa de Susana, o la de vieja de mierda, o la de Tinelli.
Encima, para demostrar su truchez, cada año aparecía Rial y tiraba los nombres de los ganadores. Algunos, igual, se sabían. Por ejemplo, los de mejor noticiero de televisión. Estaba claro que el canal que transmitía la entrega iba a ganar en ese rubro. O cómo es que el año pasado ganó Telenueve y este 2007 ganó América Noticias. Apenas un ejemplo de lo poco serio que es todo.
Por otra parte, desde hace rato muchos acá pensamos que es hora de separar los premios de radio con los de la tele. A nadie, en serio, le importa quién corno es la mejor locutora de AM. A nadie. Pero ahí está y se mantienen y por eso cada vez que sube a recibir la estatuilla pedorra alguien de radio, todos los demás siguen comiendo como si nada, cagándose en el premiado.
Pero lo que m
ás irrita a tlqv es la manía que tienen por mantener el star system berreta de la tele local. Ese que nos impone a Susana como una ¡genia! y la vieja chota como una ¡ídola! y ahí estamos, mirando cómo la vieja de mierda se tira loas y loas y se olvida que es una mina bien garca. El colmo este año fue la presentación que le hizo al premio por la trayectoria a Susana [que por más ida que esté, sigue siendo Susana]. La vieja de mierda habló y habló y cada cinco palabras metía un “yo”. Yo esto, yo lo otro, yo el año que viene bla bla bla… Y encima, cuando subió Susana no la dejaba hablar, la tenía ahí parada detrás suyo y el agradecimiento de Susana fue más corto que toda la introducción de la vieja de mierda [está claro que no pensamos nombrar].
Por estos pequeños ejemplos es que los MF nos parecen una porquería. Ojo, tampoco somos del grupo de periodismo.com con sus premios internéticos a lo peor de la tele. También son truchos a su manera. Pero odiamos sinceramente a los MF y a Aptra. Y, por supuesto, a la vieja de mierda.
Eso sí, la que nos pareció que la rompió fue Natalia Oreiro, a quien seguimos con cierto fanatismo y que, encima, era la que mejor estaba. Aguante la Nati, sobre todo ahora, que parece que el bicho feo ese de la Nancy Dupláa le grito “puta” desde su mesa cuando ganó un premio. La última vez que Nancy Dupláa tuvo un culo tan lindo como la Oreiro tenía diez años [ya era grande para su edad] y ahora está en los límites de la General Paz. ¿A quién le ganaste, Dupláa?
May
27
Habíamos informado que una guerra sin prescedentes se había desarrollado en la redacción de tlqv tras el anuncio de que íbamos a mandar a un representante del staff al festival de Cannes. El afortunado partió entonces con una valija llena de ilusiones y con ganas de ver mucho, mucho cine. Pero algo pasó en el camino de ida y entre combinaciones de aviones quedó varado en un aeropuerto de un país extraño. Luego, comenzaron a llegar mails muy raros con informes que nada tenían que ver con el festival ni con el cine.
uyyy, cannes… sí, copado… estoy en la playa. ahora en el cielo. y las estrellas se acercan más y más… sí… cannes… ¿nunca sintieron como que se les dormía el cerebro?
Tras este enigmático mensaje enviamos raudamente a un detective privado para seguir sus huellas. Parece que el hombre recaló en Amsterdam y ahora está planeando un viaje a Katmandú. Del cine, ni noticias. Cuestión que tuvimos que mandar a las apuradas a otros enviado. Aunque este viajó en clase turista y con una carpa. Hizo noche en la playa y se juntó con unas amigas. Y después tuvo que colarse en la ceremonia de premiación.
Eso sí, siendo un cronista de último momento, estaba más pendiente de las chicas lindas de la zona que en enterarse qué pasó esa noche. O sea, no sacamos nada en limpio. Mejor, entonces, mandar la lista de ganadores y después, si sobra tiempo, hacer un par de comentarios al respecto.
Palma de Oro
4 Months, 3 Weeks And 2 Days - Cristian Mungiu (RO)
Gran Premio del Jurado
The Mourning Forest - Naomi Kawase (JP)
Premio del 60° Aniversario
Gus van Sant - Paranoid Park (FR)
Mejor Interpretación Femenina
Jeon Do-yeon, Secret Sunshine - Lee Chang-dong (KR)
Mejor Interpretación Masculina
Konstantin Lavronenko, The Banishment - Andreï Zviaguintsev (RU)
Mejor Dirección
Le Scaphandre et le papillon - Julian Schnabel (FR)
Mejor Guión
Fatih Akin - The Edge of Heaven (DE)
Premio del Jurado
Silent Light - Carlos Reygadas (FR)
Persepolis - Marjane Strapi y Vincent Paronnaud
Cámara de Oro
Jellyfish (FR)
Menzione speciale:
Control (GB)
Palma de Oro Cortometraje
Ver Lllover - Elisa Miller (MX)
Mention Spéciale:
Ah Ma - Anthony Chen (Singapour)
Run - Mark Albiston (NZ)
Como dato saliente, podemos decir que el cine rumano está pisando fuerte. Bueno, muchos desde tlqv respiramos algo tranquilos porque vemos que la corriente del worldcinema se está mudando a Europa del Este y deja las lejanas tierras orientales para los fanáticos del cine con ojos rasgados. Ya era hora de que alguien les pusiera coto, aunque seguramente, por acá, todavía exista gente que festeja cada estreno chino, tailandés, japonés, coreano, malayo o lo que sea. Hace un par de semanas, por otra parte, habíamos celebrado el estreno en Argentina de Bucarest 12:08 y ahora tendremos que ver de qué se trata la que ganó la Palma, de Cristian Mungiu. Sí, sabemos de qué se trata [aborto en la época de Caucescu, obviamente, con algo más de fondo, no somos superficiales] y por eso hasta que no llegue a las salas locales mejor no decir nada.
Por lo demás, está claro que nadie ha presentado nada fuera del otro mundo. Hubo mucho nombre en la lista de competidores por la Palma de Oro pero se quedaron en carrera.
Con respecto a nuestro hombre Cannes, al original, ya le tenemos reservado un cuarto en una granja de rehabilitación, porque en tlqv no descuidamos a nadie.
Hace un par de semanas hablamos en tlqv sobre la máxima falaz sobre el más es mejor. No queremos caer en lo mismo. Pero son las circunstancias la que nos empujan a lo mismo. ¿Qué necesidad había de darle un cierre así a Piratas del Caribe? Este En el fin del mundo llega lejos, muy lejos, pero no te acerca a ningún lado. Hay ideas. Hay chistes. Hay peleas. Pero también mucha confusión. Y cosas colgadas. Y esas vueltas de tuerca que Gore Verbinski ya había usado en las dos anteriores [eso de no saber quién juega a qué cosa hasta que las cartas son mostradas]. Sin embargo, es loable saber hasta dónde se puede llegar con una [falsa] trilogía basada nada menos que en una atracción de un parque de diversiones.
¿Qué tiene de bueno Piratas del Caribe: en el fin del mundo? Lo tiene a Jack Sparrow, por ejemplo, aunque un poco más mañero que lo recomendable. A él le pertenecen las mejores escenas y hasta quizás la dupla Disney/Jerry-exploto todo-Bruckheimer le de un spin off copado. Tiene a una Keira Knightley tan linda como siempre, pero con un esforzado giro que la con
vierte en reina de los piratas. Tiene a un capitán Barbossa mucho más activo e interesante que antes. Y a un malo desalmado que muere, sin embargo, casi heroicamente. Le falta, en cambio, algo que despierte a Orlando Bloom para que su Will Turner no se parezca a un amo de casa. También le falta un mejor uso de Davy Jones. Ah, y sobre todo, alguien que en la sala de montaje reduzca el metraje de manera considerable.
Son casi tres horas las que pasamos en la butaca viendo Piratas del Caribe. Mucho tiempo. En las funciones normales quizás la den con intervalo. [A propósito, cuando esto ocurre, ¿nadie le roba el asiento a otro?] Pero se hace muy larga. Con muchas vueltas. Y la opinión general -no entre el público fanático, por supuesto- es que En el fin del mundo es mucho peor que las dos anteriores. Eso sí, trae unos efectos especiales que valen su alto precio.
En tlqv n
os había encantado la primera, La maldición del Perla Negra. Era una película sin ambiciones de convertirse en una de las sagas más asombrosas de Hollywood [por su génesis, por su desempeño]. Esa frescura, sumado al rescate de un subténero como el de piratas y a las peleas son espadas y bucaneros roñosos, maravillaron a muchos y compraron sin más a millones de espectadores. Entonces les agarró la ambición tipo Matrix, es decir, jurar y perjurar que se había pensado en una trilogía, por lo que nos enteramos de que ya había dos películas más en producción.
Esto no es necesariamente bueno. Es más, tira para abajo todo. En vez de hacer una secuela, se pensó en una historia integral. Y si la primera se cerraba de manera perfecta, la segunda tuvo que ser un preludio de la tercera y esta tercera, bueno, desbarranca un poco, deshaciendo todo lo bueno que habían hecho antes. Una lástima. Nos gustan los Piratas del Caribe. Pero no se merecía un final así. Tanto por el cierre convencional para la historia de Jack Sparrow, como por la sosera de lo que pasa con Will y con Elizabeth. Decimos [y acá viene un posible spoiler, quedan advertidos]: si el carácter romántico estaba inserto en las dos anteriores, porqué el final feliz es tan choto.
[Ah, y tanto que jodieran con que Keith Richards iba a ser el padre de Jack Sparrow: te pasás dos horas de la película esperando a que apa rezca y cuando lo hace su intervención es muy chota, y con una nariz prostática que lo asemeja más a Ringo Starr que a un pirata. Digamos, por otra parte, que es bastante sintomático que Keith se haya quedado dormido durante la premiere mundial de la película...]
Cuánto vale Piratas del Caribe: en el fin del mundo: $9.50.
Bueno, al fina una película que vale lo que cuesta. No estamos ante un 15/15, pero sí un 13.5 más que meritorio. Ocurre que quizás sean varios los espectadores que se sientan un poco estafados porque no es la típica película de buscar al asesino. Más bien, se ocupa de las mentes de la gente que intentó darle caza. Vamos a ponernos en onda: Zodíaco está basado en un hecho real [zas, podés pensar, otra de estas historias que al final son una mierda]. Pues no. Zodíaco, ya desde el tema elegido, tiene una atracción instantánea. Trata sobre varios de los hombres involucrados en la investigación de un asesino serial que, bajo ese seudónimo, mantuvo en vilo a varias zonas de la Bay Area de San Francisco a fines de los 60 y principios de los 70 [y al que nunca se pudo atrapar].
Lo bueno que hace David Fincher [el mismo de Pecados capitales y El club de la pelea] no se mete esta vez en indagar las cosas que hace Zodíaco sino más bien, como ya dijimos, en ver cómo reacciona la gente que anda tras sus pasos. La acción, que la hay mucha, es sin embargo, pasiva. ¿Se entiende? Es que ahí están: Paul Avery [Robert Downey Jr], periodista de policiales para el San Francisco Chronicle; Robert Graysmith [Jake Gyllenhaal], caricaturista del Chronicle; y Dave Toschi [Mark Ruffalo], detective de policía.
Cada uno, a su manera, intenta dar con la pista que lleve a Zodíaco. En el proceso, sus vidas van siendo víctimas involuantarias del serial killer, haciendo que cada uno ingrese en un espiral sin retorno. Para Avery significará hundirse más y más en las drogas y el alcohol; para Graysmith, el nacimiento de una obsesión producto de su carácter entre nerd y geek; para Toschi, la frustración de estar siempre cerca y nunca dar con él, volviéndose casi el único policía interesado en saber la verdad. En el medio, tras un arranque sangriento, Zodíaco dejó de matar y, de hecho, se tiró a chanta, ya que se adjudicó crímenes e intentos de asesinato que están demostrados que no fueron obra suya. Si la película, en el plano psicológico actúa de esa forma en estos tres personajes, también da cuenta de la histeria que Zodíaco provocó en la gente de San Francisco y alrededores y de cómo esto, a su vez, fue utilizado por los medios. Hay una escena que resume esto: cuando varios de los personajes ven Harry el Sucio, donde Clint Callahan Eastwood sigue sus instintos y mata a Scorpio [alusión a Zodíaco], a quien había querido agarrar pero por tecnicismos legales le había sido imposible. O sea, Dirty Harry hizo que lo que policía, en la vida real, no pudo, ya que todo indica que el principal sospechoso de ser Zodíaco estaba más que identificado.
Fincher, a todo esto, expande la trama a lo largo de dos horas y media largas, pero lo impresionante es que la película absorbe tanto al espectador que a penas y se da cuenta del tiempo que pasa. Esto es otro de sus tantos méritos. Podemos decir también que todo en la película funciona a la perfección [ambientación, música], pero sin los actores nada sería posible. Ellos parecen caer embargados por las personalidades que representan y de a ratos uno se imagina que está viendo the real thing. Para cuando termina, con un final que tranquiliza al espectador, nos damos cuenta de que acabamos de ver una gran película. No de esas imborrables, tal vez, pero sí de las que decís, caramba, qué bien que estuvo.
Cuánto vale Zodíaco: $13.50
Habrá gente a la que, seguramente, el Mr. Bean de Rowan Atkinson les parezca gracioso. Creemos en tlqv que su estilo de humor físico está pasado de moda. No porque odiemos el estilo, sino porque en su piel no es original. Lo que hace en Las vacaciones del Sr. Bean ya fue visto infinidad de veces. Y, con algunos cambios, también en su repertorio. Esta película no suma. Resta. Vendría a ser el símil de Bañeros 3 en versión british. Demagogia pura. Y a facturar igual, que es probable que le haya ido bien en the UK. Para hacer corta la trama: Bean se gana en una rifa una semana en Cannes con todo pago, más pasajes en tren hasta allá, una cámara Sony y 200 €. Y se va para Francia en tren bala,
por abajo del canal y cuando llega a la Gare du Nord se las ingenia para complicarse el llegar hasta la Gare de Lyon y desde ahí, todo es cuesta abajo. Desde una escena innecesaria en un restaurante de la estación [donde Jean Rochefort explica cómo pagar las expensas a costa de regalar el poco prestigio que le queda], hasta estupideces varias camino a Cannes con un niño en el medio que queda a su cargo cuando marea tanto al padre que, mientras el pibe está arriba del TGV, el hombre se queda en la estación. Bean, entonces, va a tratar de que el pibe se reuna con el padre y ahí empieza una semana larga hasta llegar a Cannes como sea. En el interín, se las arregla para desmadrar el rodaje de una publicidad de un director *serio* [Willem Dafoe]. Precisamente es Dafoe q
uien paradójicamente [dado que su aparición responde más a una cuestión monetaria que a un compromiso con la obra...] se reserva lo mejor de la película. Como se dijo, es un director *serio* y como tal presenta al final se lo verá en la premiere de su última película en el festival de Cannes. Lo que filmó es una parrafasada intratable, un acto de egocentrismo indescriptible, una supuesta obra profunda que sólo provoca sueño en los espectadores. Con esta simple escena Las vacaciones del Sr. Bean se burlan de los *autores serios* de una manera contundente. Ese palo sin sutilezas c onstituye todo un manifiesto político a favor de las películas livianas, pero lástima que para contrarrestarlo sólo se cuenta con esta flojísima comedia.
Cuánto vale Las vacaciones del Sr. Bean: $5.
Che, ¿viste cuando alguien se va al carajo? Bueno, eso le pasó a Sam Raimi. Y si bien su filmografía fuera de Spiderman no es tan bueno como muchos quieren creer, es verdad que la pegó con El hombre araña y El hombre araña 2. Pero con El hombre araña 3 muestra el desgaste de la saga, de la [poca]inventiva detrás de la película y evidencia que es hora de cambiar de aire y dejar a los cómics por un rato, que tomen aire y vuelvan más tarde. Peter Parker/Spiderman tiene problemas con: su ego [su traje, sustancia alienígena mediante] lo convierte en una suerte de monstruo que quiere ser cool y reconocido; con Venom [la sustancia se traspasa a un fotógrado que quiere el puesto de Peter en el diario]: con Sandman [un tumbero de buen corazón pero que hizo cosas malas, como matar al tío de Peter]; y Goblin Jr [es decir, el hijo de Goblin que encima por un rato ti
ene amnesia]. ¿Cómo hace Raimi para manejar todo esto, sumado a la desazón de Mary Jane porque ve cómo su carrera de actriz se va a pique y a que la tía de Peter parece el oráculo de Delfos, tirando aforismos todo el tiempo? Y, lo hace mal. Recurre a la peor estrategia: che, si nos cuesta unir la trama, metamos muchas escenas de acción con CGI; a nadie le va a importar que las imágenes no sean reales y que todo parezca un videojuego. ¡Error! Estamos un poco hartos de caer en el facilismo de la computadora. Basta. Enough is enough. No hay mucho que hacer con esta película. Va a t ener seguidores. Va a haber gente que diga que se superan cada vez más. Van a decir que los yankis sí saben hacer películas de acción. Hasta algunos van a decir que es profunda. ¡Puaj! No, se fueron todos al carajo y nadie sale bien parado. Tobey Maguire el primero. Necesita ya un buen papel que lo saque de esta modorra arácnida. Kirsten Dunst, también. Ni qué decir de James Franco [se podría decir que será la última película major que realice]. Y en la volteada caen Topher Grace y Thomas Haden Church. En tlqv nos gustan las boludeces. Nos gustan las boludeces de acción. Nos gustan las boludeces de acción con súper héroes. Pero lo que no nos gusta es que nos tomer por boludos. Y con El hombre araña 3 pasó eso. Y nos aburrimos. Y nos queríamos levantar del cine.
Cuánto vale El hombre araña 3: $7.
Era de esperarse. Gustavo Postiglione no se destaca por poseer una filmografía interesante. Si bien algunos críticos amigos siempre le dieron una mano, ni El asadito ni El cumple logró convertirlo en lo que pretende ser: un representante del mal llamado nuevo cine argentino. Este rosarino de trato amable tiene un problema a la hora de trasladar a la pantalla sus inquietudes como cineasta. Autoproclamado, últimamente, casi como un intelectual en busca de debate [antes del estreno de La Peli pidió que la película sirviera para abrir un debate sobre la forma de hacer, entender y hablar de cine en Argentina]. Lo cierto es que La Peli no va ni para atrás ni para adelante. Es un bodoque de dos horas en el que poco y nada pasa aunque, paradójicamente, mucho pasa. En la ficción hay un director de cine que se llama Diego [alternada y exageradamente protagonizado por Carlos Resta -inentendible el premio que le dieron a mejor actor en el último festival de Mar del Plata-, Norman-siempre-me-voy-al-carajo-Briski y Darío-yo-filmé-con-Almmodóvar-sí-pero-también-con-Subiela-Grandinetti] que supuestamente tiene algo de fama pero al que le cuesta encontrarle la vuelta a la película que está rodando.
Cuando empieza, una voz en off en Grandinetti nos pone al corriente de lo que pasa y nos hace acordar a cuando estaba asociado a Subiela y, ay, por favor, cállenlo de una vez… Luego pasamos a tratar de entender porqué Diego no encuentra el tono para su película. Sus conocidos, incluido un crítico de cine interpretado por Diego Lerer, le piden que haga algo liviano, de aventuras, pero él no transa. Él quiere algo pesado, algo intelectual, y empieza a delirar. Al punto que convierte a su personaje [una suerte de montonero, aunque son especificar nunca su filiación política] en un súper héroe, hasta con traje amarillo y todo.
Digamos que, a esta altura, nos gustaría saber por qué piensa Diego que tiene que hacer la cosa más grande hecha alguna vez. Pe ro bueno, tiene aspiraciones altas, aunque lo que haga sea deplorable.
Postiglione, entonces, nos pasea un poco por su pasado. Y cree que vamos a ver en la conflictiva relación que tiene Diego con una ex alumna de la facultad [ya vamos a tocar el tema docente de cine-director de cine] el eje de este conflicto existencial que lo golpea. Y entonces vemos que Diego/Resta se come a Ana [Noelia Campo, uruguaya de nacimiento] en varios lados. Vemos que hay una ¡conexión intelectual! [guau] entre ellos porque al comienzo se la pasaban hablando e iban a ver un “Ciclo de Truffaut” (sic). Pero la mina se cansó de que el tipo la baboseara y lo mandó a cagar. Y ahí quedó boyando Diego.
Entonces Diego se manda a mudar también. Abandona el rodaje, larga todo y se va al Bolsón… Je, mentira. Pero más o menos. Obsesionado por la chica, la sigue a todos lados sin que ella se de cuenta. Y la filma. Abro paréntesis: ¿Por qué será que cuando alguien, supuestamente inteligente -y en este caso, encima, director de cine- cuando hace videos caseros los hace todos movidos, fuera de foco y esas cosas? Cierro paréntesis. Cuestión que Diego está tan mal que encima se convierte en viejo y deja la fisnonomía de Resta y se convierte en Briski. Uhhhh, profundo indeed. Y como Briski da para viejo border y verde, ahí va, haciendo cagadas [algunos dirán que matar al personaje del crítico, en especial en la piel de Lerer, sería justicia; no nos gusta eso].
Y cuando todo parece que se va realmente al carajo, Postiglione no nos defrauda y lo manda a Diego al Uruguay, a una playa Palermo wannabe, a manejar un bar y un día cae la pesada de Ana y después de no reconocer a Diego [y claro, si ahora se ve como Grandinetti] se largan con un discurso, cada uno a su tiempo, de veinte minutos, preludio de un final al que todos anhelábamos.
Si bien acá en tlqv le metemos un poco de mala onda al relato de la trama, lo cierto es que así y que, encima, Postiglione, cinematográficamente hablando, tampoco le aporta mucho al ya de por sí gastado drama pseudo intelectual, con un encuadre tirando a un convencionalismo pueblerino, matizado todo por una música terrible y con pretendidos momentos jugados [como tirar un plano secuencia de una charla de 20 minutos, sí, la final, que encima empieza en un bar sobre la playa y termina, efecto de la edición mediante, en una casa alejada de la orilla].
¿A quién le importa todo esto? No sabemos. Lo único que podemos decir es que Postiglione va a tener que mejorar mucho para alguien lo tome en serio a la hora de filmar. Eso sí, nos gustaría saber qué es lo que enseña Postiglione… Y, ya que estamos en la repartija de palos: sigue siendo un misógino que para lo único que quiere una mina linda en pantalla es para ponerla en bolas [no es que nos quejamos en tlqv del cuerpo de Campos, pero bastante ordinarias las escenas de sexo].
Cuánto vale La Peli: $2.35 [por querer hacernos creer lo que no es]
La percepción del pasado, la verdad subjetiva, la aplastante frustración del presente. Sensaciones que nutren a Bucarest 12:08, película rumana que, cargada de ironía, perturba la cabeza del espectador. No se está sin embargo, ante una película violenta. Tampoco es un retrato descarnado y de sencantado a la manera de los filmes de la ex Yugoslavia. Es un análisis minimalista y conciso de una sociedad que a su modo sobrevive en este desmemoriado siglo XXI. El director Corneliu Porumboiu ingresa en la vida de tres personajes y no los abandona durante todo el día en una fecha especial: 22 de diciembre, nuevo aniversario de la revolución que derrocó a Ceacescu. Desde el despertar con resaca de Manescu (Ion Sapdaru), pasando por la soledad del anciano Piscoci (Mircea Andreescu), hasta el frenesí pueblerino de Jderescu (Teo Corban) , dueño de un pequeño canal de cable. Los aires periodísticos de Jderescu lo llevan a plantear un tema para su programa de entrevistas: si en ese remoto pueblo al este de Bucarest hubo
o no hubo revolución; se pregunta si la gente se manifestó antes de la caída de Ceaucescu (a las 12:08) o si recién se plegó después de las noticias que provenían de Timisoara y de la capital. Pero nadie está muy dispuesto a acompañarlo. Sus invitados lo abandonan sin previo aviso. Le cuestionan la poca importancia que les despierta el tema. Desesperado, sólo cuenta con Manescu, profesor de historia más preocupado en pagar sus deudas alcohólicas que en remover el pasado, y con Piscoci, que parece senil. El resultado del programa no hará más que reafirmar ese poco interés, ya de Rumania en general parece decir Porumboiu, por un hecho que, definitivamente fue un quiebre para la historia de su país. Al mismo tiempo, resalta que cada uno, a la larga, se forma su propia visión del pasado y acomoda su vida a ello. Mientras, la cámara se pasea por un típica ciudad soviética de monoblocks derruidos. De no ser por autos un poco modernos, la imagen sería igual a la de la era de la Guerra Fría. Los cambios vinieron pero no se sienten. Los problemas de le gente siguen siendo los mismos: las adicciones, la soledad, la frustración, independientemente del signo político que rige sus vidas. El mérito del director, además, es presentar este estado de cosas con naturalidad, sin solemidades y apelando a un humor entre lacónic
o e ingenuo, haciendo que el mazazo sea más estentorio, más punzante. Así, Bucarest 12:08 trasciende las fronteras rumanas para instalarse en un mundo en el que el presente parece serlo todo y en donde el pasado es sólo un recuerdo personal, nada es ya colectivo.
Cuánto vale Bucarest 12:08: $12.

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