Archive for April, 2007

El estreno de películas argentinas en el circuito comercial es bastante difícil. Cada año se producen más y más películas en la Argentina. La mayoría de ellas esperan mucho tiempo en alcanzar las salas comerciales, si es que alguna vez lo hacen, y, cuando esto ocurre, son levantadas al poco tiempo, tanto por falta de público como para dejar lugar a las películas que vienen de afuera, especialmente de Hollywood. Esta situación llevó, hace un par de años, a legislar una medida proteccionista -y en algunos casos coercitiva- que garantizara la difusión de películas nacionales en el circuito comerical, independientemente de si dieran ganancias o, como ocurre habitualmente, pérdidas. Así, una película que el día de su estreno no llena ni veinte butacas, debe ser mantenida al menos una semana, con el consiguiente perjucio de la sala en que se la da. Se apelaba, entonces, a obligar a los cines a perder plata. Esa, al menos, era la postura de la gente de complejos como el Village, Hoyts y Showcase. Por el lado de los productores locales, se decía que eso iba a garantizar que la gente que se acerca a esos complejos, al menos, tuviera la opción de elegir una película argenitna. Nada mal, si se piensa correctamente, ya que hay casos que una película funciona si es que le dan algunos días de pantalla, para que se beneficie con el boca a boca. Los últimos casos paradigmáticos de esta tendencia, siempre en el cine nacional, fueron los de No sos vos, soy yo, de Juan Taratuto, y Elsa y Fred, de Marcos Carnevale. De no haber prevalecido este acuerdo de cuota de pantalla, quizás no les hubiera ido tan bién, consiguiendo ser las películas más taquilleras de sus años. Pero lo cierto, también, es que estas propuestas contenían cierta calidad [narrativa, fílmica, dramática, lo que sea] que las distinguían de otros estrenos locales.

O sea, se ponía en una diyuntiva a quienes consideraban que el libre mercado [expresión resistida por haber nacido, al parecer, en la era menemista pero que, a la larga, rige nuestras vidas desde hace rato] debía ser el que rige nuestras tendencias hacia el consumo y no el de una sociedad dirigida, donde alguien digita qué se muestra y cuándo se hace. No está mal aclarar que hay gente que, efectivamente, vio películas argentinas gracias a esta política, ya que al no haber entradas para un tanque optó por arriesgarse. Las más de las veces salieron puteando y, por suerte, otras no.

¿A dónode vamos? A decir que la polémica por la cuota de pantalla parece volver. Pero se continúa con la misma línea de pensamiento: busquemos la forma que los multicines nos pasen nuestras películas para que la gente las vea. Piensan que estar en el Village Recoleta me garantiza venta de entradas. No es así. A veces una película puede ser pasada durante un determinado tiempo en una sala y seguir convocando público. Entonces, obliguemos al Village a programarnos. Digamos, mientras tanto, que lo que estamos haciendo es defendiendo la cultura nacional y listo. El problema es que muchas veces esos mismos directores no defienden sus propias películas. Hemos escuchado a no pocos directores en nuestra historia en los medios, asegurar que realmente les importaba que a sus películas las viera la gente. Las más de las veces nos decían que se sentían hechos con haberla terminada, tan personal era el tema tratado. Otros, que pensar en el público a la hora de hacerla era traicionar sus valores como artistas… O sea: yo hago la película, la estreno y listo. Cobro el subsidio [por producción, por post producción o por estreno] y listo: cambio el auto, cambio la casa y continúo vendiéndome al mercado en mi agencia de publicidad [ahí no hay artista que valga]. Eso sí, después dicen que la gente no los entiende y que en verdad están estupidizados por la porquería yanki que les meten de prepo. Todo esto, acompañado por una varios críticos del sistema de calidad que apoyan estas mociones y alientan los comportamientos.

Mientras tanto, nosotros, al menos desde tlqv, percibimos que nadie quiere cambiar el statu quo. Que se nos quiere imponer un gusto al cine nacional que ningún director está dispuesto a educar. Sacando contadas películas en donde se busca una impronta intelectual desde el lenguaje utilizado, las formas y el contenido dramático, la mayoría de las películas argentinas son convencionales en el sentido más oprobioso de la palabra: meros artilugios escondidos detrás de declamaciones principistas, alguna pista tanguera y poses a los medios que no tenemos porqué aguantar sólo por ser argentinos. Si nos parecen terribles los malos dramas yankis, por qué nos tienen que parecer buenos los malos dramas argentos. Por otra parte, nadie puede pretender que el director que filma para que su película se pasee por festivales consiga meter récord de público con su estreno comercial. Se me viene a la mente El Custodio, película de Rodrigo Moreno que ya fuera castigada [al menos su director] en estas páginas y quien se quejaba de que ni la prensa ni el público apoyó su película, que no la entendió. Pero le contestamos que sí la entendimos y que, por eso mismo, la condenamos. Fue un ensayo cinematográfico, una tesis para recibirse en la universidad mundial de festivales con todos los tics que debía tener el cine argentino circa siglo XXI y que, por eso, reconocemos que consiguió la aprobación de la gente en Berlín. Ahora, no esperes que el gusto ecléctico de un jurado internacional en Berlín, con sus propios prejuicios sea el mejor focus group para un estreno en la Argentina.

Lo que nos llevó al plano de los festivales. 15.000 alumnos nos contaba Minghetti en su nota de La Nación que tiene “el cine” en la Argentina. Creo que es un número desproporcionado. Una cantidad de gente impresionante para una producción bastante exigua, aunque copiosa para nuestros estándares. Ni que fuéramos Bollywood. O sea, 15.000 aspirantes a un premio en Berlín. Es mucho. Porque a menos que el propio alumno reconozca que está en esto por el dinero y se declare así mismo un mercenario [o al menos, que estudie sabiendo que puede terminar manejando una isla de edición en un canal de cable de Cutral Có], una parte importante de este número aspirará a caminar por Cannes o Berlín al lado de una hermosa actriz francesa o en su defecto española [obra y gracia de las coproducciones] para recibir un premio que pueda colgar sobre la chimenea de su casa familiar sobre los fondos de comercio paternales en el conurbano bonaerense y después contar a sus amigos que tal o cual se la come, porque lo sé, me lo contaron ellos.

El cine argentino serio ya no filma para el público, si es que alguna vez lo hizo. Pero tampoco filma ahora para su propio ego o para matar los demonios interiores de sus directores/creadores. Más bien lo hacen pensando en los premios. Así como en Venezuela existen academias que preparan a las mujeres para convertirlas en Miss Mundo o Miss Universo, en Argentina existen academias que casi casi prometen, si se sigue la fórmula, conseguir un Oso o una Palma. El problema es que, por estos días, les están vendiendo pescado podrido. Ya no nos quieren. Nos descubrieron el yeite. Saben de qué van nuestras cosas. Y ahora nos ignoran. Hace unos días hablamos sobre el Festival de Cannes que se viene y dijimos que no había ningún argentino en competencia. Qué mal, dijeron los diarios. Después nos anotaron un par en las secciones -importantes- paralelas y los cronistas-viajeros de siempre respiraron tranquilos porque pudieron justificar sus viáticos pedidos para ir. Sin embargo, lo que nadie de ellos se ha preguntado fue: ¿por qué no competimos por la Palma de Oro en la sección oficial? Fácil, porque, repetimos, nos descubrieron la vuelta, ya saben para dónde vamos. Pero acá nadie se va a preguntar eso, sería ir en contra de todo un sistema que vive regodéandose por un premio en Cartagena de Indias o en Gramado o en Biarrtiz [una vez un director nos confesó que el día que lo invitaran a Biarritz significaría que su obra ya era decadente] como si fueran, realmente, un Oscar.

Ojo, desde tlqv tampoco estamos en la actitud servilista para con las majors que profesa Pablo Sirvén, a quien todo lo que rinde en cuanto a números es justificación de perfección. No entendemos sus ataques. Nunca lo podremos comprenderlo. Lo que queremos en tlqv es que exista un debate al respecto.



las-mantenidas-sin-suenos-poster.jpgEl cine argentino tiene un karma que lo persigue: los premios internacionales. Para la chapa, vale lo mismo un premio del jurado del festival de un pueblo perdido en los urales que una intervención en una sección paralela del festival de Berlín. Todo suma, parecen decir, y ahí se ponen los créditos que supuestamente vanaglorian a la película y deben invitar al espectador a entrar a la sala. Pero los festivales también atrasan. Sobre todo, su estreno comercial. Las mantenidas sin sueños está dando vueltas por el mundo desde 2005 [algunos dicen que más] y su estreno comercial en nuestro país se viene atrasando, por un poco, por eso. Si bien la temática de la película -relación entre mujeres: madres, hijas, abuelas, amigas, todas con algún tipo de carencia afectiva, monetaria, sexual, whatever- parece atemporal, lo cierto que las-mantenidas-sin-suenos.jpgsu temática, estética y hasta la directora [la híper hype Vera Fogwill, que codirige con Martín de Salvo] tienen que ver con èse año. No es lo mismo filmar en 2005 que en 2007. No. Y no es que muestren un titular viejo. Pero sí algunas cosas, repetimos, atrasan. Igual la película no es mala. Es ambiciosa, estética y narrativamente hablando, pero sobre todo, una apuesta fuerte para creamos en esas mujeres que las protagonizan: desde la madre drogota que un día decide que ya no quiere hacer más nada, hasta su hija a la Dakota Fanning, tan madura como annoying. Ojalá la gente se animara a entrar a la sala a verla. Creemos que si pagan la entrada al menos crearán un vínculo afectivo con la película del estilo: si pagué por esto, me tiene que gustar. Bueno, esperemos que sí. Aunque, Vera, la próxima estrenala más temprano.

Cuánto vale Las mantenidas sin sueños: $8



tres_de_corazones-poster.jpgHacemos memoria. Y pensamos. Y creemos recordar una vez sí, década de 1970, época en que Sergio Renán debutó -y gustó- con La Tregua. Desde entonces, sin embargo, pocas veces ha  levantado el nivel. Muchos quieren hacernos creer que Crecer de golpe o Gracias por el fuego fueron buenas. Si nos apurás, quizás le damos a Tacos altos un aprobado, sólo porque era la vuelta democrática y Susú Pecoraro nos hacía calentar con una manguera mientras miraba a Miguel Angel Solá, la muy perra, que después se la daban para que tenga y guarde. Pero no nos comimos el verso de El sueño de los héroes, algo muy choto pero del que comió -y sigue comiendo- desde hace rato. Ahora viene con Tres de corazones, una película digna según muchos, pero que tampoco te va a cambiar la vida. Por ahí se la cambia a Mónica Ayos en su afán por dejar de ser la Profesora de Cantos y pasar a ser una… ¿actriz? Mirá, a la Ayos la bancamos. No nos parece un camión pero la bancamos igual. Al que no podemos soportar es a Nicolás Cabré y una película con él decididamente tiene que ser muy buena para que la soportemos. Pero ese costado flaco se regenera con Luis Luque, que en esta película tiene por momentos actitudes payasescas [imitar a Sandro, por ejemplo], pero siempre será, para nosotros, el inspector Alfredo Díaz y eso lo redime. ¿De qué va Tres corazones? Vamos a la sinopsis oficial: “Angel (Cabré) decide volver a su ciudad natal. En un parador de la ruta conoce a Dora (Ayos) y aunque solo tienen una aventura en el micro [nosotros hubiéramos utilizado ómnibus, colectivo o bondi], su relación no terminará ahí. Una vez instalados en la misma ciudad, Angel consigue un trabajo como remisero que lo llevará a reencontrarse con Dora. La atracción que ambos sienten continúa a pesar de que Angel descubre que Dora es la mujer de su jefe, Coria (Luque), un ex policía hecho en la calle, dado a súbi tos arranques de violencia. Tres de Corazones relata los encuentros y desencuentros de este triángulo amoroso.” Parece simple y hasta atractiva. Error. Nos aburrimos un poco y los buenos momentos los mata Cabré. Hay cosas mejores para ver en cine.

Cuánto vale Tres de corazones: $6 [por la Ayos, nada más]



War is over if you want it. Eso decía John Lennon y eso fue lo que no le gustó a Richard Nixon. Esa es la premisa de The U.S. vs John Lennon, documental de David Leaf y John Scheinfeld que se centra en la parte militante del Beatle. Acabado el flower power, algo desencantado con la onda hippie que no condujo a nada, Lennon y Yoko Ono deciden mudarse a Nu eva York. Ahí comienzan a militar activamente en campañas contra la guerra de Vietnam y a asociarse con activistas pesados, en especial Abbie Hoffman, Angela Davis, Bobby Seale [los dos de lasa Panteras Negras], Ron Nacido el 4 de julio Kovic y John Sinclair [por quien abogó libertad]. A Tricky Dick no le gustaba mucho tener a este muchacho dando vueltas y proclamando el hair power, eso de hacer el amor y no la guerra y el war is over del principio. Tampoco le copaba la idea de que, tras una enmienda a su constitución, en las siguientes elecciones, donde él se iba a presentar para ser reelecto, se incorporaran once millones de votantes más, porque bajaron la edad permitida para hacerlo de los 21 a los 18. El tipo sabía que Lennon y su política de no violencia pero de enfrentamiento constante a la autoridad podría inclinar la balanza. Así que puso a los sabuesos del FBI, bajo las órdenes de la loca de J. Edgar Hoover a perseguirlo. Y lo única forma que encontraron para joderlo fue mediante la denegación de la ampliación de su visa de residente. La película describe tanto la lucha en los tribunales de Lennon y Yoko [Yoko habla mucho en el video y está bien que así sea, porque la bancamos] como las cosas que hizo políticamente hablando Lennon en ese tiempo. Ahora bien, el documental está bien, nos recuerda una etapa interesante de la historia de la humanidad y nos refresca que uno de los íconos culturales del siglo XX era algo más que un cantante de protesta [sobre todo en su etapa solista]. El tipo respaldaba con acciones lo que decía y, a su vez, lo que decía no era extr aído de la lectura dominical de un librito que le prestaron por casualidad [¿escuchaste Andrés Ciro? ¿Podés devolver tu biblia de Jauretche?]. Eso nos provoca algo de envidia con respecto a nuestros pensadores-artistas como luminarias del estilo Pelado Cordera. Sin embargo, siempre en tlqv encontramos un pero, no entendemos mucho el estreno de la película. Ya se puede conseguir en DVD y seguramente se vea mejor que en las salas de cine arte a donde la mandaron. Por eso recomendamos que la vean, pero quizás convenga hacerlo cómodamente sentado en un sillón hogareño.

Cuánto vale The U.S. vs John Lennon: $8

 



En Los mensajeros, una familia que sale de Chicago por algo que pasó ahí y que por eso necesitan cambiar de aire. Recalan en Dakota del Norte, estado extraño y se ponen a trabajar la tierra. La aparente calma del lugar sin embargo, esconde a un secreto siniestro que comenzará a notarse con ciertas apariciones sólo visibles a los ojos de los dos chicos: Jess [Kristen Stewart, a quien vimos hace poco en DVD en Fierce people] y Ben, de tres años. A partir de ahí, los hermanos Pang, los directores, se ponen a meter sustos a diestra y siniestra. Pero a esta altura ya nos aburrimos. Otra más de este estilo, decimos. Basta, por favor. Ok, en algunas partes nos cagamos de miedo. ¿Y qué? ¿Eso es bueno o mero efectismo? Acá lo que falta es una historia copada que sustente los gritos. No, así no va la cosa. Pero es una prueba más que en Hollywood piensan que todo lo asustado que viene de oriente es oro puro. Y ahí se ponen a hacer películas como La Llamada, El ojo, El grito cosas así que, a la larga, terminan hartando. Basta, repetimos.

Cuánto vale Los Mensajeros: $4.50

 



Del 16 al 27 de mayo se va a desarrollar la 60a. edición del Festival de Cannes. En Francia, obvio. Es uno de los festivales más faroleros. De esos que provocan que la habitual apatía francesa [snobismo, para algunos] se caiga de jeta al piso y todos traten de sacarle a una foto a la estrellita de Hollywood del momento. También es el momento ideal para que los amargados galos y sus secuaces de otras filmografías europeas, digan al mundo que, como viene pasando habitualmente, Tinseltown es una mierda y que ellos tienen la posta, aunque nadie quiera verlos. Ahora, si alguno de esos muchachos después es nominado al Oscar extranjero, son los primeros en comprarse un smoking y en anotar la lista de agradecimientos. Pero bueno, tampoco hay que ser injustos. Es verdad que estos festivales permiten ver cine de bueno que habitualmente no baja desde allende el Río Grande. Cannes es descubridor de grandes cineastas y vidriera para películas que, de no ser por los frenchys, hubieran pasado sin pena ni gloria. O sea, está copado eso de ser festivaldecannes. Aló, je ma pel Festival de Cannes. Oh, oui, oh la la la… Por estos días estamos sorteando en el staff de tlqv las acreditaciones recibidas para concurrir al festival, con gastos de hotel y suculentos viáticos incluidos. Eso ha provocado, por otra parte, un movimiento extraño de influencias donde se mezclan escenas de sexo a plena luz del día, atisbos de pugilato y un aumento interesante en catadores, personal contratado porque nadie está dispuesto a tomar siquiera un vaso de agua sin que alguien lo pruebe antes, por temor a un posible envenenamiento. Y bueno, también el cine saca lo peor de nosotros.

Volviendo a Cannes, Argentina parece que no está invitada. La fiesta es de otros, al contrario de La fiesta de todos, la infame película del dandy [Clarín dixit] Renán en la que, literalmente, participaron todos [y que ninguno de ellos se quiere acordar, por eso del revisionismo, viste, ¿no es cierto Diego B?]. Y eso que es el 60 cumpleaños del festival. O sea: los queremos mucho, pero vamos a festejar con nuestros amigos de verdad, eso que nos dan prestigio y no esos sucios latinoamericanos que vienen que con sus historias todas iguales. Además, no jodan, pusimos una peli mexicana en la competencia oficial y ya la cuota está completa. Es que, por otra parte, se pusieron a afilar el lápiz y se dieron cuenta de que sus directores más mimados, de esos de los que se viene hablando desde hace rato -en parte, o en todo, gracias a Cannes- tienen películas y las van a mostrar ahí. Entonces, no hay opción: si me dicen: che, soy Ethan Coen y tengo una película, ¿quién le dice que no, por más que no sea la mejor? ¿Acaso le van a responder: No, dejá que tengo la última de Rodrigo Moreno? Ni loco. No son suicidas. Son empresarios cuya venue anual es el festival y entonces a buscar y acumular nombres. Sino, mirá la competencia oficial:

  • My Blueberry Nights, de Wong Kar-Wei (China, film inaugural).
  • Auf der anderen Seite/Una vieja maestra, de Catherine Breillat (Francia).
  • No Country For Old Men, de Joel & Ethan Coen (Estados Unidos)
  • Zodiac, de David Fincher (Estados Unidos).
  • We Own The Night, de James Gray (Estados Unidos).
  • Mogari no mori, de Naomi Kawase (Japón).
  • Les chansons d’amour/Las canciones de amor, de Cristophe Honoré (Francia).
  • Breath, de Kim Ki Duk (Corea del Sur).
  • Promise Me This, de Emir Kusturica (Serbia)
  • Secret sunshine, de Lee Chang-Dong (Corea del Sur).
  • 4 Luni, 3 Saptmamini si 2 Zile, de Cristian Mungiu (Rumania).
  • Tehilim, de Raphaël Nadiari (Israel).
  • Stellet Lich/Luz silenciosa, de Carlos Reygadas (México).
  • Persepolis, de Mariane Satrapi y Vincet Paronnaud (Irán).
  • Le scaphandre et le papillon/La escafandra y la mariposa, de Julian Schnabel (Francia).
  • Import-Export, de Ulrich Seidl (Australia).
  • Alexandra, de Alexander Sokourov (Rusia).
  • Death Proof, de Quentin Tarantino (Estados Unidos)
  • The Man From London, de Béla Tarr (Hungría).
  • Paranoid Park, de Gus van Sant (Estados Unidos).
  • Isgnanie, de Andrey Zvyagintsev (Rusia).

Haciendo un repaso vemos a: Tarr, Van Sant, Schnabel, Kusturica, Kim Ki Duk, Tarantino, los Coen y Wong Kar Wai, o sea, están sus alumni preferidos. Sólo faltaría Soderbergh, pero ahora está dedicado a recaudar millones.

Mensaje final: a no calentarse, ya volveremos el año que viene con películas del NCA que nos harán hablar como locos. Este año, veamos cómo se maneja la industria. Y aprendamos algo.



Parejas es otra película que vaya uno a saber porqué se estrena. No tiene un gran cartel [te bancamos, Duchovny, pero convengamos que con Julianne Moore al lado, por más que haya estado en Boogie Nights, además de la siempre inquietante pero no tan conocida Maggie Gyllenhaal y Billy Casi famosos Crudup no hacen una suma convocantge], es de 2005 y en el fondo es una especie de comedia romántica *inteligente*. Uf. Para esta época ya tendría que haberse estrenado en cable. En serio, con tantas cosas para ver en el cine -y arriesgarse en algunas películas- mejor dejar esta para el video club. Nadie saldrá lastimado en el intento.

Cuánto vale Parejas: $6



Pasó mucho tiempo para que Esteban Sapir volviera a filmar. Su debut fue con Picado Fino, gran película de comienzos de la década de 1990 y que fue enrolada en el mal llamado nuevo  cine argentino. Ahora vuelve con La Antena, que en verdad rodó en 2005 y, por esas cosas de la industria local, recién ve la luz. Se trata de una fábula [no en el sentido de Esopo, pero sí en su acepción cinematográfica] en una ciudad dominada por un Señor TV que tiene a todos bajo su poder gracias a que controla las imágenes que todos ven y en donde todos han perdido la capacidad del habla. Con esas imágenes casi como que los hipnotiza y los obliga a comprar sus productos. Un hombre descubre que el hijo de La Voz, la única que puede hablar en toda la ciudad, puede ser la respuesta para salvar a la ciudad y se esca pa con él a las montañas. De ahí en más, tratará de reparar una vieja antena para transmitar la voz del niño y liberar a la gente. Interesante, bien filmada, aunque algo dura para el ojo poco avisado, La Antena puede ser un descubrimiento para muchos. Sólo hay que darle la oportunidad.

Cuánto vale La Antena: $8

 



Alemania Oriental. 1984. La policia secreta comunista vigila a un dramaturgo y a su mujer. Esto tiene consecuencias lógicas para la pareja y, paulatinamente, en la gente que los rodea. La vida de los otros es una película que reconocilia a los que dicen que el Oscar extranjero sólo lo ganan películas malas. Ok, Tsotsi, la del año pasado, era una cagada. Pero esta, que se llevó la estatuilla a su casa este año es buena. Y disfrutable, al tiempo que analiza los efe ctos del totalitarismo en una sociedad controlada y vigilada al extremo [mencionamos que corre el año 1984]. Florian Henckel von Donnersmarck, el director, no  se anda con vueltas y ofrece un panorama con pocas certezas. Nadie es tan malo como tampoco tan bueno. Lo que dice, en el fondo, que nadie merece que lo le pasa a los protagonistas. Por suerte, la película, que revisa la vida  de los primos pobres anexados de una Alemania que se dice unida desde la caída del Muro, no cae en banalidades y los picos dramáticos son mechados con buenas dosis de suspenso. Resumen: buen cine alemán.

Cuánto vale La vida de los otros: $11

 



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